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People en Español
Marzo 1998

Confidencias de una Rubia

En una reveladora autobiografía, Cristina Saralegui habla de su infancia, sus amores y su cirugía plástica

Durante los últimos nueve años, Cristina Saralegui nos ha hecho reír a carcajadas y llorar a moco tendido como presentadora del Show de Cristina.
Ahora, los fans de eta simpática periodista cubana pueden llegar a conocer aún más de cerca a la mujer que, con sus 50 años recién cumplidos, es considerada una de las mujeres latinas más poderosas de la televisión hispana.
Publicado simultáneamente en inglés y en español, ¡Cristina!: Confidencias de una Rubia, el primer libro escrito por Cristina, no sólo relata su desarrollo de niña a mujer, sino que también se vale de esas páginas para discutir francamente una variedad de temas a través de historias de su vida privada, su trabajo y sus famosos amigos. Pero quizás lo más refrescante de este libro son los secretos de Crisina sobre cómo uno puede alcanzar sus metas en la vida. A continuación hemos extraído partes de varios capítulos del libro.

DE “CUBANAZA” A “AVENTURERA”
A los doce años decidí que quería ser como un hombre.
A los trece decidí que iba a ser una aventurera.
Ya me venía dando cuenta que cuando a un hombre le llamaban “aventurero”, aquello era algo positivo. Significaba que quería ser pirata, o quería ser cowboy, o quería ser policía. Pero cuando decían que una mujer era una “aventurera”, se referían a una mujer con una faldita abierta hasta las nalgas; recostada a una pared y levantando hombres. Era mala. Quería decir “prostituta”.
Por supuesto, de pequeña no entendía cuál era el problema de semántica entre aventurero y aventurera. ¿Por qué es que las cosas cambian tanto con una simple vocal...? Me enojaba y me molestaba hasta la peineta con el asunto.
Ahora me doy cuenta que desde que tuve uso de razón, tuve un problema con esa situación; un conflicto que definió mi vida entera.
La realidad es que siempre he tenido problemas con la autoridad, y con el concepto que prevalece de que “los hombres son diferentes” y “tienen derechos diferentes”. Por mi rebeldía me han echado de las aulas de los colegios donde he estudiado desde pequeña. En La Academia de la Asunción, en Miami, recibí el dudoso honor de haber sido la única alumna que se graduó sin pertenecer a las Hijas de María. ¡Y eso que soy muy devota de la Virgen; tengo casi un altar en mi mesa de noche! Pero en la escuela no me dejaron ingresar a las Hijas de María por malcriada.

LIBERACION LATIN STYLE
Al decidir agarrar a Cosmopolitan por los cuernos, comencé a formular la definición de lo que era la liberación para las mujeres latinas:
Las mujeres latinas estamos liberadas del cuello para arriba, no del cuello para abajo.
Nuestro órgano más importante está ubicado entre las dos orejas, no entre las dos piernas.
Ese lenguaje era un poco fuerte en aquella época, pero las lectoras, que eran las que tenían que entenderlo, lo entendieron. Entendieron, especialmente, la matriz de todo esto; el problema de la mujer hispana no es tanto de liberación como de superación.
Así definí mi Nueva Chica Cosmo en la portadada de la revista: “Más que liberarme busco SUPERARME. Así, con mayúsculas. Porque sé que en este mundo tan competitivo sólo mejorándome podré alcanzar todas mis metas...y lograr que me traten como lo que soy: una mujer muy inteligente y muy actual”.

“¡SAQUEN A TODOS ESTOS COME.......DE AQUI!”
Marcos [Avila, su marido y manager] ahora me confiesa que la primera vez que me vio le provoqué una especie de choque antiestético. Pensó que yo era una mujer acelerada y de pésimo gusto en vestir, ya que llevaba puesto un traje morado, una cinta multicolor en la frente (como se usaban entonces) y bastante maquillaje. ¡La verdad que era un mamarracho ambulante!
Emilio me había explicado desde un principio sus ambiciones de que su mujer fuera solista, en inclusive me mencionó que el grupo eventualmente se llamaría Gloria Estefan y Miami Sound Machine. Para ayudarlo en este empeño, decidí hacerle una sesión fotográfica al grpo, para después retratar a Gloria sola para lo que sería su primera portada internacional.
Ya en el estudio, donde se tomarían las fotografías, les presenté a Sammy Suárez, el peluquero que me hacía las portadas de Cosmopolitan, para que le diera un look más sensual a Gloria; recuerdo que hasta le presté un vestido mío que tenía hasta los hombros afuera. Marcos asegura que durante la sesión yo gritaba desaforadamente: “¡Súbanse! ¡Bájense! ¡Sonríanse! ¡Párense!”. Y es verdad, porque aquello era un verdadero caos, ya que los músicos siempre estaban bromeando, sin que les importara el tiempo. Yo había trabajado el día entero, ya eran las diez de la noche, y Gloria Estefan en aquel entonces era una jovencita timidísima. No se atrevía a posar; tampoco la dejaban posar. No había manera de que yo pudiera organizar la sesión ni calmar la situación para poder hacer mi trabajo. Me exploté, y de pura desesperación, irrumpí a grito limpio: “¡Saquen a estos comemierdas de aquí!”

Y TODO POR LLEVARLE ONCE AÑOS A MI MARIDO
Un día me llamó una productora de Sábado Gigante, para que fuéramos Marcos y yo a comparecer en un panel de parejas en las que la mujer era mayor que el hombre. Ese día aparecimos Marcos y yo como matrimonio, y entre Don Francisco, que es muy sarcástico, y nosotros, el público se rió tanto que Mario (Kreutzberger) vino directamente a mí en cuanto me quitaron el micrófono y me preguntó: “¿Puedes estar mañana en mi oficina a las diez? Tengo algo que proponerte”. ¡La realidad es que dijimos tantos horrores en ese programa que el público se moría de la risa! Refiriéndome a Marcos, y burlándome de la diferencia de edades le dije: “Mire Don Francisco, tiene veintinueve años y se me está quedando calvo. ¡Voy a tener que buscarme otro de quince! Marcos rebatió: “Cuando me casé con ella tenía pelo. Me los ha tumbado todos. Ahora me quedan tres. Me dicen Tres Pelos”.
Al día siguiente esta cubana se presentó en la oficina del famoso chileno a las diez de la mañana con su maletica en mano, tratando—como siempre—de promover sus revistas. “Eso no es lo que me interesa”, me dijo Don Francisco. “Lo que quiero es que tú vengas a diez programas seguidos, a hablar de la vida en pareja”. Y entonces me di cuenta que lo que él quería, básicamente, era la misma línea editorial de Cosmopolitan, pero en televisión. Estuve de acuerdo e hice los diez segmentos para el programa.

HASTA QUE “LA VIEJA” SE CANSO
En televisión, además de llamarte “talento” (como un objeto de utilería), te tratan, en efecto, como un mueble. Te colocan en un set, te enfocan luces y hablan de tí como si tú no estuvieras delante. También al principio de comenzar Cristina me pasaba el día escuchando comentarios como “se le ven mucho las arrugas”, o “como sigamos subiendo las luces vamos a poder freír huevos en las cabezas del público”. En las sesiones fotográficas la situación era aún peor. Si miraba hacia abajo o hacia los lados, me salían como diez arrugas en el cuello y parecía un pavo del Día de Acción de Gracias. Y como nadie en mi familia tiene barbilla, toda la parte de abajo de mi rostro de perdía, a menos que sonriese como un payaso de oreja a oreja. Es más, los técnicos me seguían por todo el set con una luz inmensa, en forma de mariposa, que suaviza la imagen y borra las arrugas...y me la plantaban delante, a dos pulgadas de mi nariz. Se cuchicheaban unos con otros: “¡Tráeme la luz de la vieja!” Hasta que la vieja se cansó de aquella situación. Un día me planté y dije: “Se acabaron las luces”. ¡Y entonces decidí hacerme cirugía plástica!
Pero me tomó dos años, desde el día que comencé a investigar, encontrar el cirujano más reconocido en los Estados Unidos para la operación que yo necesitaba, hasta que el 22 de enero de 1992, muerta de miedo, me presenté en la clínica privada del doctor Steven Hoefflin, en Santa Mónica (California).
Justo un año antes había separado la fecha para operarme, y la tuve que postponer, porque me provocaba un grado de ansiedad que cuando me enfocaban “la luz de la vieja”, ya yo me veía con la cara cortada.
La operación—porque a pesar de las malas lenguas, sólamente me he hecho una—según me explicó el doctor Hoefflin, consistía en levantamiento de párpados, estiramiento de los surcos entre nariz y boca, estiramiento de cuello, y la eliminación de las bolsas debajo de los ojos, las líneas alrededor de la boca, y por supuesto, me aumenté mi ausente barbilla.

(Extractos de ¡Cristina! Confidencias de una Rubia por Cristina Saralegui son reproducidos con permiso de Warner Books, Inc. New York, New York, USA. Copyright 1998 CRISTINA SARALEGUI ENTERPRISES. Todos los derechos son reservados.)