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HOLA

1 ENERO 1998    

Al fenómeno televisivo llamdo “Cristina” -que alcanza a más de 100 millones de hogares en toda Iberoamérica y USA y lleva ya casi nueve años—se le considera único.  El conocer a Cristina Saralegui, nacida en Cuba, tercera generación de familia de periodistas es conocer una mujer extraordinaria, dinámica, viva y actual.  Por su programa “Cristina” pasa diariamente un caudal de información social, de entretenimiento y humanismo, que ya es historia.  Al punto tal que, como ella misma nos dice, “ha servido de modelo para programas similares, aun en España.      Su personalidad es tan reconocida en USA y México, que colabora con toda actividad altruista a favor de las inmigraciones, el SIDA, la Cruz Roja y entidades donde la condición humana es el primer interés, al igual que el de ella.     El vicepresidente Al Gore, de los Estados Undos de América, la tiene como su consejera en temas iberoamericanos dentro de ese país, dada su clara comprensión de la vida del inmigrante extranjero en USA y lo que su opinión pública—dentro de sus programas de radio, televisión y propia revista mensual—puede hacer por sus ideas.     Ahora vamos de mano a mano a conocer su casa de Miami, donde nos recibe rodeada de su querida familia.     —Cuando hace ya unos años una encuesta demostraba que tus programas estaban alimentando en forma asombrosa a la opinión pública de más de noventa millones de hogares, ¿cuál fue tu reacción?  —Déjame decirte que mi programa se produce en los Estados Unidos, donde ya hace treinta años que resido y me siento cubano-americana, así como el ochenta por ciento de mi audiencia en ese país es de orígen mexico-americana y al sentirse integrada hacia ese estado reconoce claramente en los contenidos de cada programa sus propios problemas.  Porque hoy por hoy la mayoría de los problemas humanos tienen una misma raíz:  la lucha por la vida de la condición humana viviendo con grandes diferencias culturales, económicas, de oportunidades, pero en el fondo palpitando humanidad y el deseo que alguien les escuche.   —¿Cómo valores el derecho a la vida privada de personajes públicos?   —Pienso que cualquier persona que piensa que va a ser reconocida en la vida pública, fuera político o artista, y que por hacerlo cobra dinero, no tiene derecho a quejarse cuando la prensa intenta conocer su vida privada, pues él es público y lo sabe.  No pienso, por ejemplo, que un artista que gana su dinero expresándose ante un público lo quiera solamente para que le paguen la entrada a su espectáculo y le niegue la otra parte de su imagen pública que la completa: el conocer su vida, su familia, sus hijos, su vida intelectual y emocional.  No se puede tratar al público con esa falta de relación humana, cuando lo que busca la figura púlica es casualmente eso:  identificarse y ser identificada por su acercamiento a la opinión pública, al público en general.  —¿De dónde sacas tiempo para tus queridos hijos y tu esposo?  —Bueno, lo importante de mi matrimonio es que ambos trabajamos juntos y compartimos lo que hacemos   Marcos y yo estamos juntos todo el tiempo y es rico en experiencias, intercambio de ideas, creatividad.  En fin, com-par-ti-mos y eso es hermoso en el matrimonio.  En cuanto a los hijos, yo digo que tengo tres: los suyos, los míos y los nuestros...como en aquella película.  La mayor de ellas, Cristina, de veinte años, está estudiando en el Estado de Nueva York y cuando termine regresar para trabajar con nosotros.  Luego viene Stephanie, que es de mi esposo, Marcos Avila, que tiene quince años, quien pasa fines de semana con nosotros y sabe de nuestro amor porque lo vive.  Por último, el “nuestro”, Jon Marcos Avila Saralegui, de once años, que está en esa edad del genio que “casi” todo lo sabe.  Ahora bien, somos una familia a la latina: muy unidos y yo más que otros profesionales he logrado, para tener más tiempo útil con la familia, concentrar todas mis grabaciones en quince días, con lo cual tengo otros quince días para saborearlo “full time” con toda la famila, más a fondo.  Lo que no quita que cuando grabo de noche veo a Jon Marcos al regresar de su escuela y tengo, como toda madre, tiempo para ver sus tareas, dialogar, amarlo.  —¿Seguirás editando tu revista mensual “Cristina” y cuentas con otros proyectos editoriales?  —Nieta e hija de periodista, no suelto la pluma.  Efectivamente, pienso crear publicaciones en inglés y español, y para marzo si Dios y la imprenta quieren, se publicará mi biografía, “Confesiones de una rubia,” que creo ayudará a muchas mujeres a interpretar mejor nuestro rol en esta sociedad donde nos queda muchísimo que hacer en puestos claves a favor de toda la Humanidad.  Pero separadamente a lo editorial, continuaré con mis programas de radio y produciré en inglés un programa similar al “Cristina” en español.  —¿Cuándo piensas visitar nuevamente España?  —Para cuando se lance mi libro, en marzo del noventa y ocho, no obstante, pienso para noviembre dar un pequeño saltito.  —Veo que también le das importancia a los cambios que está registrando nuestro planeta.  —Claro que sí.  Hablamos de todo y la idea es que seamos un reflejo de lo que está pasando en la vida a cada instante y que a todos nos afecta. Y nuestro planeta precisa de todos nosotros un despertar de conciencia, de mejor interrelación e interacción entre la Naturaleza y nosotros.  De lo contrario, ya veremos, y por lo que estamos viviendo nada bueno está ocurriendo.  —Por último, ¿estás de acuerdo con la cirugía estética, tan en boga en estos momentos?  —Claro que sí. Yo me la hice y fíjate qué bien estoy, ¿o no?  Además, no te olvides que estoy casada con un hombre que es once años más joven que yo.  Todo lo que suba la autoestima es positivo, llámese como se llame, aunque sea cirugía estética.         Cristina es bonita, simpatica, franca y rica intelectualmente y en verdad cada minuto con ella refleja las garras de periodista socióloga y humanista que marca su perfil humano y espiritual, con una tremenda capacidad para escuchar, entender, hacer una composición de lugar  y con ese personaje periodístico que la caracteriza, convertir el resultado en un tremendo programa diario para la televisión iberoamericana. El de más audiencia.